Prescribiendo una dieta para tratar la depresión

Soy el Dr. Drew Ramsey, profesor asistente de clínica de psiquiatría en la Universidad de Columbia en Nueva York, Estados Unidos, y estoy informando para Medscape Psiquiatría. El primer estudio clínico controlado aleatorizado para probar una intervención dietética como tratamiento para la depresión clínica acaba de ser publicado. [1] Estoy emocionado de compartir con ustedes los resultados de este interesante estudio.
Dos investigadores, la Dra. Felice Jacka, y el Dr. Michael Berk, dirigieron un consorcio de instituciones australianas con sede en el Food & Mood Center de la Universidad de Deakin en Victoria, Australia. A lo largo de 3 años reclutaron a varios cientos de pacientes con depresión de moderada a grave, y 67 de ellos entraron en un ensayo clínico de grupos paralelos de 12 semanas. El grupo de tratamiento recibió siete sesiones de 60 minutos de asesoramiento dietético. El grupo paralelo de control recibió el protocolo de apoyo social correspondiente. Todos, excepto nueve de los 67 participantes, recibían otro tratamiento activo, ya sea psicoterapia, medicamentos, o ambos.
En las sesiones de asesoría dietética se pidió a los participantes aumentar el consumo de alimentos en 12 categorías alimenticias. Éstas incluyeron granos enteros, frutas, verduras, nueces y legumbres, así como carnes magras, pollo y mariscos, y también se solicitó disminuir el consumo de alimentos relacionados con un mayor riesgo de depresión: carbohidratos simples, almidones refinados y alimentos altamente procesados. Durante la década pasada se recolectó una gran cantidad de evidencia que refiere que los patrones dietéticos están fuertemente asociados con el riesgo de padecer depresión. Sin embargo, no habíamos tenido un ensayo controlado aleatorizado como éste, hacia el cual dirigir nuestra atención clínica.
El resultado fue muy satisfactorio. Los investigadores encontraron una diferencia estadísticamente significativa de 7,1 puntos en la Escala de Depresión de Montgomery-Asberg(MADRS) en favor del grupo de tratamiento, que fue su desenlace primario. Los investigadores dedujeron que hubo una reducción de 2,2 puntos en MADRS por cada 10% de adherencia al patrón dietético más saludable.
Desarrollaron dicho patrón, al cual llamaron Dieta mediterránea modificada, o Dieta Modi-Medi, combinando recomendaciones de los gobiernos australiano y griego, junto con datos de un análisis anterior realizado por la Dra. Felice Jacka y sus colaboradores, quienes determinaron los factores dietéticos que desempeñaron un papel clave en la lucha contra la depresión, mediante la dieta. [2]
En este último estudio, el número necesario para tratar fue de 4,1. Esto se compara favorablemente con los datos de dos análisis agrupados del uso complementario de aripiprazol, en el que el número necesario para tratar fue de 10. [3,4]  El efecto de aumento fue concluyente para un tratamiento complementario. En el grupo de tratamiento, aproximadamente 32% de los pacientes alcanzó la remisión, en comparación con 8% en el grupo control. En cuanto al riesgo-beneficio, el realizar una intervención dietética está surgiendo como una forma muy segura y efectiva en la cual involucrar a nuestros pacientes.
Como sabemos por nuestra experiencia en la clínica de psiquiatría nutricional aquí en Nueva York, Estados Unidos, discutir sobre la comida es una excelente manera de entablar una conversación sobre aspectos de la vida de un paciente que tradicionalmente no se abordan. Cuando se piensa en toda la información que se puede obtener acerca de la comida y cómo la gente se cuida a sí misma, el tema se convierte en una intervención que no sólo ayuda a construir una alianza muy fuerte, sino que también es divertido ‘hablar de sopa de lentejas y dónde la gente consigue sus mariscos’, así como enfocarse en las categorías de alimentos que las personas necesitan mejorar. En general, estos alimentos buenos tienden a ser hojas verdes, verduras de ‘arco iris’, y una variedad de mariscos. El propósito es mejorar la calidad y la cantidad de carne que consumen y, como señalan los investigadores, reducir el consumo de alimentos que aumentan el riesgo de padecer depresión y otros trastornos.
Un problema acerca del consumo de alimentos para la salud del cerebro lo constituye el costo, ya que a menudo los mariscos y alimentos orgánicos recomendados pueden ser más caros.  Sin embargo, los investigadores australianos encontraron que comer para la salud del cerebro cuesta menos. El australiano promedio gasta 138 dólares por semana en comida. Los participantes en el estudio sólo gastaron 112 dólares.
El estudio SMILES (Apoyo a la Modificación del Estilo de Vida en los Estados Emocionales Bajos). Esperamos que los resultados de esta intervención se multipliquen.
 
Ciertos nutrientes, como las grasas omega-3, el zinc, el magnesio, el hierro y la vitamina B12, son muy eficaces en cuanto a la prevención de la depresión
 
Para aquellos que están incorporando asesoría alimenticia y evaluaciones nutricionales en sus prácticas clínicas, el estudio brinda más evidencia de que están en buen camino. No se trata sólo de una conversación atractiva y útil en la construcción de la alianza terapéutica, también es una intervención muy eficaz. Para quienes no han incorporado asesoría nutricional y del estilo de vida en sus prácticas, este estudio proporciona un gran impulso para hacerlo. Al leer el artículo podrán observar la metodología, que gira en torno a la realización de una buena evaluación dietética.
Debo señalar que las personas que participaron en el ensayo tenían una dieta de mala calidad. En general, eso es lo que observamos en nuestra clínica: los individuos que tienen la mejor respuesta a una intervención cerebral-alimentaria son aquellos que están consumiendo una dieta carente de nutrientes, a menudo llamada "dieta beige" o "dieta de un chico de 12 años", consistente en carbohidratos simples, tales como pizza, pasta, productos horneados y algunos de los nutrientes cerebrales, que esperamos los pacientes busquen, basados ​​en la gran cantidad de datos que tenemos.
Ciertos nutrientes, como las grasas omega-3, el zinc, el magnesio, el hierro y la vitamina B12, son muy eficaces en cuanto a la prevención de la depresión, y se encuentran fácilmente si se eligen correctamente los alimentos básicos. Éstos son los alimentos que forman las dietas tradicionales, los alimentos que están altamente asociados a un menor riesgo de presentar depresión y demencia. Con este nuevo ensayo clínico controlado aleatorizado, parece que este conjunto de alimentos puede desempeñar un papel como tratamiento adyuvante para la depresión clínica, a la vez que ayuda a los pacientes a alcanzar la remisión completa.
Soy el Dr. Drew Ramsey para Medscape Psiquiatría. Por favor, háganos saber en la sección de comentarios lo que piensa del estudio y cómo está incorporando los alimentos en su práctica clínica.

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